Este término fue utilizado por primera vez en el año 1906 por Eugenio Blenler, introduciéndolo en la literatura psiquiátrica, y se dijo que era una alteración del pensamiento, especifica de los pacientes psicóticos, consistente en referir a si mismo cualquier acontecimientos que sucediese. Estos pacientes también huían o evitaban cualquier estímulo de tipo social. A pesar de lo acertado de este término, no permite su aplicación al autismo infantil propiamente dicho, ya que el niño con autismo no tiene tal huída o evasión de todo lo que pudiese significar interacción personal, ni refiere a si cuantos acontecimientos suceden a su alrededor. Ellos presentan una dificultad extrema para desarrollar hábitos que sirvan al buen contacto interpersonal.
Otros autores después de Kannes, propusieron nuevos conceptos: “esquizofrenia infantil”, “desarrollo atípico del yo”, “psicosis simbólica”. Etc. Afortunadamente ninguno de ellos próspero.
Hasta la década de los sesenta los síntomas principales que sirven como criterios para inclusión o no de un paciente como autista hay dos:
1. Soledad extrema o dificultad para desarrollar conductas de interacción personal
2. Insistencia de estos niños en mantener rígidamente invariable los estímulos
Tinbergen (1962) enfatizara la falta de contacto ocular.
Lovaas (1965) hará hincapié en el retraso intelectual.
Makista (1966) se detiene en la edad en que comienzan estas alteraciones
Rutter y Lockyer (1967) añade el retraso del lenguaje a los dos criterios de la década anterior, caracterizada por: disminución de la comprensión, ecolalia e inversión pronominal, etc.
Leo Kanner sostuvo, en un principio, la hipótesis parental psicogénica del autismo infantil. El autor describió a los padres de los niños como personas frías, severas, inteligentes, obsesivas y perfeccionistas. Posteriormente, autores como Eisenberg (1957), bettleheimm (1967), prolongaron estos supuestos, a la vez que incluyeron otras manifestaciones psicopatológicas en los padres de los niños con autismo, como su incidencia a la soledad y comportamiento extraordinariamente ansioso.
Leo Kanner
Entre los años 1970 y 1980, constituye una década prodigiosa en la investigación del autismo infantil. Se incorporan las investigaciones neurológicas pormenorizadas y sistemáticas, se analiza la relevancia que puede tener la dimensión del desarrollo sobre la patología de esta enfermedad, se estudian las posibles relaciones entre el autismo y epilepsia, se incorporan con todo derecho las investigaciones metabólicas, psicofarmacológicas y bioquímicas; y lo más novedoso es la incorporación de las técnicas neurofisiológicas y de las técnicas de modificación de conductas al diagnostico y tratamiento del autismo.
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